Mi sketchbook: un álbum de emociones

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Toda persona es una pequeño paquete cargado de emociones e ideales entre muchísimas otras cosas y no perdemos oportunidad de recolectar todo lo que sentimos y vemos muy a nuestra manera. Independientemente si se trata de un objeto que posa ante nuestra vista o de alguna imagen en nuestros pensamientos, siempre habrá quien sentirá el llamado a transformar todo esto en colores y trazos. Pero no solo eso, si no que las coleccionan e inmortalizan sobre un trozo de papel encuadernado, esperando a ser redescubierto en el futuro. Me refiero a nuestros blocs de dibujo o sketchbooks. Las razones para comenzar con un sketchbook son diversas y frecuentemente simplemente no existe una motivación específica. Varias personas los tienen incluso desde la infancia sin saber exactamente de que se trata y comienzan a recolectar ideas de la manera más inocente. Algunos incluso continúan haciéndolo por años viendo la evolución de su trabajo; otros más lo convierten en los primeros pasos para una carrera, para otros es una herramienta complementaria en la elaboración de proyectos, algunos más los mantienen en secreto y otros tristemente lo dejan en el olvido.

Dibujar es como hacer un gesto expresivo con la ventaja de la permanencia. -- Henri Matisse

Mientras que para muchos observadores solo se trata de "dibujitos", llenar las páginas de un cuaderno es un acto liberador que refleja un momento de tu vida. Puede ser que los instantes plasmados no sean tan obvios, pero basta que abras una página de hace algún tiempo atrás para revivir recuerdos y emociones. Es muy probable que recuerdes que estabas haciendo en ese preciso momento, cuál era tu situación, que pasaba por tu cabeza y cuál era tu estado de ánimo. En algunos casos descubrimos incluso sueños atrapados o inmortalizados y muchas otras tantas veces, se trata del recuerdo de nuestros ideales.

Llenar un Sketchbook es un acto de intimidad, pero también es un momento de conexión con nuestro mundo creativo. Es traducir nuestras experiencias, recuerdos y visiones en trazos, a veces acompañados de un toque de color. Es dejar una parte de nosotros sobre papel, pero no para perderse, sino para que las ideas trasciendan; es decir, dar un poco de nuestra esencia que complementarán los pequeños huecos de nuestros recuerdos en un futuro.

Hoy en día existe una gran variedad de Sketchbooks comerciales en el mercado que se adaptan con facilidad a la necesidad y el bolsillo de cada persona. Sin embargo, si se tiene el deseo de comenzar a jugar con trazos, podrás hacerlo casi sobre cualquier superficie de papel o incluso tomar las paginas sobrantes de un cuaderno viejo. Éste también es un buen consejo si deseas probar por primera vez el plasmar algunas de tus ideas o pensamientos.

Dibujar es un acto de creatividad y con más frecuencia de lo que nos imaginamos un acto de sinceridad con nosotros mismos. Puede que al llenar las páginas no notemos esta sinceridad a primera vista, pero solo basta encontrarnos con el transcurso del tiempo para revelarnos esa parte de nosotros que dejamos entre colores y trazos. No importa por que razón tienes un sketchbook y por la cuál trabajas en él. Seguro estarás de acuerdo conmigo que se trata de un álbum de emociones convertidas en recuerdo.

¿Tienes un sketchbook?