Escuchando a la habitación.

Un proyecto de interiorismo, sin importar el tamaño de este, no solo requiere que escuchemos al cliente, sino que también prestemos atención a la “voz” de la habitación misma. 

El proyecto de una habitación es realmente fascinante y brinda ventajas, como la demarcación del espacio y a simple vista podemos descartar varias ideas que no son factibles. Al entrar a ella; en aquel espacio vacío, casi de manera instantánea creamos una imagen visual. Aunque esta imagen aún no es del todo clara y puede variar totalmente del resultado final, la describo como “la voz de la habitación”.

En realidad dicha “voz” proviene de nuestro interior y nos revela los primeros elementos en función de nuestra línea de diseño. Por ejemplo, un diseñador minimalista difícilmente visualizara una alta densidad en muebles, pero posiblemente las primeras revelaciones estén enfocadas a la “funcionalidad”. Si se trabaja en una habitación estrecha, la habitación seguramente sugerirá por sí misma la ubicación del mobiliario. Por el contrario, si se trabaja en un espacio grande, existe la posibilidad de que nuestra habitación tenga más de una opinión.

Es cierto, a veces nuestro proyecto puede comportarse “parlanchín” y “arrogante”. Por suerte la moderación de la conversación está a cargo de nosotros. Esto no siempre es del todo fácil, pues a veces sus palabras nos seducen y nos conducen a propuestas caprichosas que nos pueden desenlazan tanto a bellas creaciones como a verdaderos desastres en la planeación y administración del proyecto.

Definitivamente “escuchar a las habitaciones” es una valiosa herramienta, pero para las habitaciones como las personas, siempre hay que hay que escucharlas con cautela, pues a veces las palabras solo muestran la versión dulce de la realidad.

Nota: Freellustration es un espacio que antecedió The Creative Bad y todas las publicaciones fueron importadas a este espacio.